miércoles, 11 de enero de 2017

Remedio para la tos

Se llamaba hachi. Sí, como el de la película. 

Hachiko, Apellidaba como la segunda generación de nuestra masiva familia. No como mi hijo, sino como mi hermano. Aún no nos mantenemos así que es el ranking justo, o eso supongo.

Ahora que me pongo a pensarlo, probablemente haya toda una generación de hachis por culpa de esa película y pues, ciertamente mi gordito pudo escapar de ella.

Era un cocker negro precioso.

Su pelo brillaba sin necesidad de químicos. Sus patas eran robustas. Su cola lo desproporcionaba (me negué a que se la cortaran, supongo que itentan mutilarlos porque tienen colas muy largas de verdad, pero a mi me llegaba). Y sus ojos castaños claros reflejaban limpiamente el sol, cuando subía al techo los domingos que se lavaba la ropa.

Hachi tenia una personalidad un poco de señor. Renegaba harto.

Quizás sus 20 kilos no le ayudaran.

Sí, estaba subidito de peso. El veterinario nos los echaba en cara cuando lo llevábamos.

Y me duele admitirlo, pero sé que no fui su persona favorita. No merecía el título tampoco. Su cariño fue donde debía. No es por nada pero los cockers son perros muy justos.

Tengo otros tres. Lo conocieron. Luché por ellos las batallas que perdí con él. Sobretodo por jagger, él es otro cocker, pero blanco con caramelo. A diferencia suya sí tengo la certeza de que soy su favorita. Y verlo deshacerse en su juguetonería, ansiedad y amor por nosotros, me hace los días. Si debo ser completamente honesta no sé que hubiera sido de mí si él hubiera partido y me hubiera dejado sola. Me asusta siquiera pensarlo. Porque fueron meses muy oscuros. Y se hicieron notar en mi físico.

Hachi me acompañó, nos acompañó por 7 años. Tengo 23 ahora. Lo conocí a los 16.

¿Que puedo contarles de él?

Pues tengo miles de historias pero desgraciadamente por la manera en la que se fue. Las que saltan a mi mente son todas por las que podría entender que los cielos me lo reclamaran antes de tiempo.

Quise luchar tanto por él pero me encontré tan apaleada de desesperanza que solo me tiré a su lado a verlo morir. Quise tanto que se quedara conmigo que me atreví a pedirle una y otra vez que peleara. Que se sujetaras a esta vida que no merecía. Y luchó. Luchó mucho por personas que no lo merecian.

Y la verdad es que no sé si decir gracias. Porque ojalá no lo hubiera hecho. Ojalá me hubiera pateado donde debía y volado entre las nubes sin mirar atrás. Pero como todo patitas Hachi era todo lo noble que ningún humano podría ser jamás.

Y estaré en deuda con él por enseñarme eso, por siempre.

Estaré en deuda con él por solo querer y querer y no serle de verdadera ayuda.

Lo siento. De rodillas al piso. Desde lo profundo de mi corazón roto. Lo siento mucho bebé.

Me encantaría poder regresar el tiempo. Cruzarme el rostro y ponerme las cartas sobre la mesa. Obligarme a decidir si luchar por él o en todo caso liberarlo de un sufrimiento absurdo. Porque para la decisión que tomé debi haber dado la talla. 

Me encantaría poder regrezar el tiempo y hacerme entender que le ladraba al árbol equivocado. Que debía luchar de otra manera. Debí hacer las mil maravillas. Volverme loca.

¿Porque eso es lo que las madres hacen o no? Pero le fallé. Tan solo extendí su agonía por gusto. Y me pesará lo que me quede de vida. Y así suene masoquista con gusto lo acepto. Porque tener su herida no dejará que suceda de nuevo.

Será mi ejemplo.

Mi amor. Mi pequeño. Ojalá. Ojalá como esa novela que veo, exista un cielo. Ojalá que pueda venir a verme el dia que me toque a mí. Para poder despedirme de él como no pude hacerlo acá.
Ojalá. Porque necesito pedirle perdón de frente para poder irme en paz.

Hachi. Te extraño. Tengo a tus hermanitos aquí. Pero te extraño. Y en noches particulares como esta pienso en ti. En si tan solo yaces bajo tierra. O si de verdad eres una estrella.

Me haces querer creer en algo, amor.

Las cosas no están bien, no voy a mentirte. Yo definitivamente no estoy bien pero intento sobrevivir. Tu partida me ha hecho darme cuenta de muchas cosas. Entre ellas que ya he atado hilos rojos con demasiada gente para tomar alguna decisión yo sola.

Y honestamente, quería escribir esto porque quería agradecerte por venir a visitarme a veces en sueños. Gracias por las largas caminatas por la arena en las que me acompañas. Gracias por permitirme abrazarte sin que me gruñas. Gracias por cuidar de mí aún desde lejos.

Gracias por todas las veces en que me ofreciste tu cuerpito gordito como consuelo para mis diferentes golpes con la vida. Gracias por escucharme. Gracias por amarme.

Has dejado una mejor versión de mí.

Hachiko. Te amo y te amaré por lo que me signifique siempre. Y te pido que los visites a todos también. Porque sé que aunque no hablemos al respecto, también te extrañan.

No tengo tu corazón de oro, pero por ti haré el máximo esfuerzo.

No olvides de visitar a tus hermanitos también. Te buscan cuando se dan la fuga al taller. Tu esencia continúa ahí de seguro.

Nuevamente gracia por todo.

Y adiós.