miércoles, 3 de mayo de 2017

Fight just a little

No sé perdonar. Pero soy fuerte. Puedo pararme después de chocarme.

No sé perdonar. Pero nunca desearía mal. Estoy convencida que la gente hace daño por ignorancia. O por tener algún problema psiquiátrico.

La maldad es la consecuencia de actos.

La maldad es el acto mas no la persona. Y no sé si debo agradecerle a alguien no haberme topado hasta ahora con alguien así en mi camino.

Porque no sé perdonar y probablemente me hubiera vuelto loca entre mi moral y mi dolor. Porque la gente que ha logrado hacerme daño, a la fecha, ha sido justamente gente que amo y siendo honesta, yo soy bastante hermética, no soy de las personas que aman a cualquiera.

Y si debo ser sincera una vez más he de admitir que hasta el día de hoy prácticamente me he obligado a perdonar por mi bien más que todo. Porque solo se vivir un mundo con magia. Y porque he sabido que ha sido por ignorancia así que he hecho trizas corazón para poder verlos a los ojos de nuevo. Pero aún así muchas veces me he encontrado odiándome a mí misma por eso.

No sé perdonar. Amigo. Amiga. No sé porqué maldita sea no nací con el corazón noble de otras personas las cuales he tenido - por alguna razón - la dicha de no tan solo conocer sino de amarrar a mí sus deditos con este hilito rojo para anexarlos (ojalá) de modo estable a mi vida.

Esa gente que con ese corazón noble pueden ver este mundo con un optimismo que genera admiración. Esa gente que sé que le reza a Dios por mí, cada noche.

Esa gente que vale más que esta niña berrinchuda que a su forma tosca los ama y admira al punto de hacerlo difícil para expresarlo en palabras.

Entonces ¿porqué?

¿Porqué?

Ayer me enteré de una noticia que supo llenarme los ojos de lágrimas.

El hermanastro de una persona que amo ha sido diagnosticado con cáncer.

Es agresivo. Ha sido inmediatamente internalizado para tratamiento. Tiene un pronóstico malo. Why sugarcoat the truth? No es como si se pudiera igual.

Y quizás digan. Kimmy. No es la primera víctima de cáncer que ves a esa edad. Demonios, has visto incluso pequeños. Mucho más pequeños. Malformaciones congénitas. Individuos con el reloj contado. A lo que respondo. Tienes razón. Es cierto. Lo sé bien.

Es mi carrera. En un país "en vías de desarrollo" como en el que vivo. La prevención es privilegio de gente adinerada. Y esa no es la realidad del hogar promedio. Así que los que llegan a las especialidades del golpeado sistema de salud Minsa o ESSALUD es gente propiamente enferma.

Aprendo de fisiopatología. Eso estudio. Eso me preguntan. Veo a la gente como un diagnóstico y me avoco al tratamiento. Pero siempre está ese stop. Cuando no puedes darle la mano al familiar o apoderado para darle la buena noticia. Sino un pronóstico malo. Nunca lo decimos en voz alta porque lamentablemente es más común de lo que quizás personas que no trabajan o se ambientan en el área de salud puedan pensar. En lo personal, siempre me digo es lo que es. Esto ocurrió por esto y por esto. Pero cuando son pequeños. Me deja pensando ¿qué culpa tiene esta persona que ha venido al mundo?

Si fue afortunado pasó de las 36 semanas y peleó su adaptación en este entorno hostil y nuevo.

Ha dado muchos pasos ya. Ha demostrado su fuerza. Su derecho a vivir.

Soy tonta por pensar y creer en una justicia, pero en muchos sentido sigo siendo bastante inmadura, supongo.

Me senté con ella a decirle en mis términos y mi visión del mundo, que solo quedaba luchar. Que al menos existía una chance. Que siendo honesta es mucho más de lo que muchos siquiera tienen.

Su familia está golpeada y es algo perfectamente entendible.

No soy muy espiritual. Por todo lo que he expuesto. Que sé bien hay otra forma también de verlo. Pero estoy acá de pie para ellos. Ojalá que él pueda salir de esto. No me puedo imaginar otro escenario.

I'll keep you updated.


miércoles, 11 de enero de 2017

Remedio para la tos

Se llamaba hachi. Sí, como el de la película. 

Hachiko, Apellidaba como la segunda generación de nuestra masiva familia. No como mi hijo, sino como mi hermano. Aún no nos mantenemos así que es el ranking justo, o eso supongo.

Ahora que me pongo a pensarlo, probablemente haya toda una generación de hachis por culpa de esa película y pues, ciertamente mi gordito pudo escapar de ella.

Era un cocker negro precioso.

Su pelo brillaba sin necesidad de químicos. Sus patas eran robustas. Su cola lo desproporcionaba (me negué a que se la cortaran, supongo que itentan mutilarlos porque tienen colas muy largas de verdad, pero a mi me llegaba). Y sus ojos castaños claros reflejaban limpiamente el sol, cuando subía al techo los domingos que se lavaba la ropa.

Hachi tenia una personalidad un poco de señor. Renegaba harto.

Quizás sus 20 kilos no le ayudaran.

Sí, estaba subidito de peso. El veterinario nos los echaba en cara cuando lo llevábamos.

Y me duele admitirlo, pero sé que no fui su persona favorita. No merecía el título tampoco. Su cariño fue donde debía. No es por nada pero los cockers son perros muy justos.

Tengo otros tres. Lo conocieron. Luché por ellos las batallas que perdí con él. Sobretodo por jagger, él es otro cocker, pero blanco con caramelo. A diferencia suya sí tengo la certeza de que soy su favorita. Y verlo deshacerse en su juguetonería, ansiedad y amor por nosotros, me hace los días. Si debo ser completamente honesta no sé que hubiera sido de mí si él hubiera partido y me hubiera dejado sola. Me asusta siquiera pensarlo. Porque fueron meses muy oscuros. Y se hicieron notar en mi físico.

Hachi me acompañó, nos acompañó por 7 años. Tengo 23 ahora. Lo conocí a los 16.

¿Que puedo contarles de él?

Pues tengo miles de historias pero desgraciadamente por la manera en la que se fue. Las que saltan a mi mente son todas por las que podría entender que los cielos me lo reclamaran antes de tiempo.

Quise luchar tanto por él pero me encontré tan apaleada de desesperanza que solo me tiré a su lado a verlo morir. Quise tanto que se quedara conmigo que me atreví a pedirle una y otra vez que peleara. Que se sujetaras a esta vida que no merecía. Y luchó. Luchó mucho por personas que no lo merecian.

Y la verdad es que no sé si decir gracias. Porque ojalá no lo hubiera hecho. Ojalá me hubiera pateado donde debía y volado entre las nubes sin mirar atrás. Pero como todo patitas Hachi era todo lo noble que ningún humano podría ser jamás.

Y estaré en deuda con él por enseñarme eso, por siempre.

Estaré en deuda con él por solo querer y querer y no serle de verdadera ayuda.

Lo siento. De rodillas al piso. Desde lo profundo de mi corazón roto. Lo siento mucho bebé.

Me encantaría poder regresar el tiempo. Cruzarme el rostro y ponerme las cartas sobre la mesa. Obligarme a decidir si luchar por él o en todo caso liberarlo de un sufrimiento absurdo. Porque para la decisión que tomé debi haber dado la talla. 

Me encantaría poder regrezar el tiempo y hacerme entender que le ladraba al árbol equivocado. Que debía luchar de otra manera. Debí hacer las mil maravillas. Volverme loca.

¿Porque eso es lo que las madres hacen o no? Pero le fallé. Tan solo extendí su agonía por gusto. Y me pesará lo que me quede de vida. Y así suene masoquista con gusto lo acepto. Porque tener su herida no dejará que suceda de nuevo.

Será mi ejemplo.

Mi amor. Mi pequeño. Ojalá. Ojalá como esa novela que veo, exista un cielo. Ojalá que pueda venir a verme el dia que me toque a mí. Para poder despedirme de él como no pude hacerlo acá.
Ojalá. Porque necesito pedirle perdón de frente para poder irme en paz.

Hachi. Te extraño. Tengo a tus hermanitos aquí. Pero te extraño. Y en noches particulares como esta pienso en ti. En si tan solo yaces bajo tierra. O si de verdad eres una estrella.

Me haces querer creer en algo, amor.

Las cosas no están bien, no voy a mentirte. Yo definitivamente no estoy bien pero intento sobrevivir. Tu partida me ha hecho darme cuenta de muchas cosas. Entre ellas que ya he atado hilos rojos con demasiada gente para tomar alguna decisión yo sola.

Y honestamente, quería escribir esto porque quería agradecerte por venir a visitarme a veces en sueños. Gracias por las largas caminatas por la arena en las que me acompañas. Gracias por permitirme abrazarte sin que me gruñas. Gracias por cuidar de mí aún desde lejos.

Gracias por todas las veces en que me ofreciste tu cuerpito gordito como consuelo para mis diferentes golpes con la vida. Gracias por escucharme. Gracias por amarme.

Has dejado una mejor versión de mí.

Hachiko. Te amo y te amaré por lo que me signifique siempre. Y te pido que los visites a todos también. Porque sé que aunque no hablemos al respecto, también te extrañan.

No tengo tu corazón de oro, pero por ti haré el máximo esfuerzo.

No olvides de visitar a tus hermanitos también. Te buscan cuando se dan la fuga al taller. Tu esencia continúa ahí de seguro.

Nuevamente gracia por todo.

Y adiós.